- Grandes marcas como Volvo, MAN y Scania lideran la transición hacia flotas eléctricas con producciones en serie y baterías optimizadas.
- Surgen alternativas económicas mediante la reconversión de camiones diésel antiguos en eléctricos para fomentar la economía circular.
- La industria se enfoca en soluciones específicas según el uso, desde el reparto urbano de última milla hasta el transporte regional de largo alcance.
El sector del transporte de mercancías está viviendo un giro de 180 grados. No es secreto para nadie que las obras y la logística generan una cantidad ingente de CO2, afectando no solo al clima sino también a la calidad del aire que respiramos en las ciudades. Ante la proliferación de las zonas de bajas emisiones, el cambio ya no es una opción, sino una necesidad imperiosa para sobrevivir en el mercado actual.
Moverse hacia la electrificación no es moco de pavo, ya que implica repensar todo el proceso de construcción y logística. No se trata solo de cambiar un motor por otro, sino de crear un ecosistema donde la maquinaria y los camiones trabajen en armonía para reducir la contaminación acústica y atmosférica, transformando las obras ruidosas en espacios mucho más seguros y agradables para el ciudadano.
El impacto de la construcción en el medio ambiente

Para ponernos en situación, se estima que el 13% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero provienen de la edificación. Esto incluye desde la producción de acero hasta el transporte de materiales. Solo la maquinaria utilizada en las obras emite unos 400 millones de toneladas de CO2 anuales, lo que representa el 1,1% del total mundial.
Afortunadamente, la realidad está cambiando. En ciudades como Oslo, la capital noruega, ya se ve que casi el 98% de las obras están libres de combustibles fósiles, y una cuarta parte de ellas ya funcionan con energía eléctrica. Esto demuestra que la transición es viable y que ya existen ejemplos reales de éxito.
Liderazgo industrial: Los gigantes que impulsan el cambio
Marcas como Volvo Construction Equipment han dado un paso al frente. Desde 2019, decidieron centrarse en máquinas electrificadas, dejando atrás el desarrollo de motores diésel en sus gamas más pequeñas. Sus primeras excavadoras y cargadoras eléctricas fueron diseñadas específicamente para moverse con agilidad en el corazón de las ciudades, ayudando a los municipios a cumplir sus metas climáticas.

Por otro lado, MAN ha marcado un hito al iniciar la producción en serie de camiones eléctricos en su planta de Múnich. Lo más curioso de su proceso es que utilizan una línea de montaje flexible donde conviven camiones eléctricos y diésel, lo que les permite adaptarse rápidamente a lo que pida el mercado. Han invertido cerca de 400 millones de euros en I+D para ofrecer vehículos que van desde las 12 hasta las 50 toneladas.
Scania también entra en la pelea con camiones que alcanzan los 600 km de autonomía. Un punto fuerte de esta marca es que montan sus propios paquetes de batería internamente, asegurando que soporten el duro trote de los vehículos pesados y tengan una vida útil prolongada.
Estrategias de fabricación y despliegue europeo
El mapa de la fabricación eléctrica se está redibujando. Un ejemplo claro es Volta Trucks, que ha puesto el ojo en España, concretamente en Barcelona, para fabricar el Volta Zero. Este vehículo de 16 toneladas está pensado para el reparto urbano descarbonizado, con una autonomía de hasta 200 km y una visibilidad mejorada para el conductor, quien se sitúa en una posición central.

La clave para que esto funcione es la colaboración. Como bien señalan los expertos de Volvo, no basta con fabricar el camión; hace falta trabajar mano a mano con proveedores de energía y autoridades locales para que la infraestructura de carga crezca al mismo ritmo que la flota de vehículos.
La alternativa de la reconversión y economía circular
No todo el mundo puede permitirse comprar un camión eléctrico nuevo, ya que los precios siguen siendo bastante prohibitivos. Aquí es donde entra en juego la reconversión. Empresas como Lunaz en Reino Unido se dedican a dar una segunda vida sostenible a vehículos antiguos, convirtiendo camiones de basura diésel en eléctricos en colaboración con firmas como Biffa.
Otro ejemplo es Clean Logistics, que ofrece kits de conversión basados en hidrógeno o baterías. Sus sistemas permiten que camiones diésel pasen a ser eléctricos con una autonomía de 500 kilómetros y tiempos de carga sorprendentemente rápidos, evitando que el vehículo termine en un desguace.

Incluso Renault Trucks está analizando la posibilidad de reciclar sus propios camiones diésel en sus líneas de montaje a partir de 2025. El objetivo es aprovechar la vida útil del chasis y solo sustituir la propulsión, potenciando así la economía circular y reduciendo el impacto ambiental que supondría fabricar un vehículo desde cero.
Cómo elegir el camión eléctrico adecuado
No existe el camión eléctrico perfecto, sino el que mejor se adapta a cada negocio. No tiene sentido buscar la batería más grande si las rutas son cortas y predecibles. Lo fundamental es analizar las rutas diarias y la carga útil necesaria para no pagar de más por una capacidad que no se va a utilizar.

Para quienes realizan distribución regional, serán primordiales la capacidad de carga rápida y una autonomía extendida, mientras que para el entorno urbano bastará con un modelo más ligero y eficiente. La asesoría especializada es vital para integrar estos vehículos sin romper la logística de la empresa.
La industria del transporte pesado está transitando hacia un futuro donde la electricidad y el hidrógeno desplazarán al diésel. Desde la producción en serie de gigantes como MAN y Volvo, hasta la ingeniosa reconversión de flotas antiguas, el objetivo es claro: alcanzar la neutralidad de emisiones para 2050 y limpiar el aire de nuestras ciudades mediante una logística mucho más inteligente y respetuosa.
