- Inversión de 25 millones de euros en una superficie de 34.000 metros cuadrados para el ensamblaje de baterías LFP.
- Creación de hasta 90 puestos de trabajo directos y colaboración con diez empresas locales de la cadena de suministro.
- Producción estimada de entre 60.000 y 100.000 baterías anuales para abastecer al modelo B10 fabricado en Figueruelas.
- Alianza estratégica entre Stellantis y la china Leapmotor que consolida a España como referente europeo en automoción eléctrica.

El panorama industrial aragonés está de enhorabuena tras confirmarse que la alianza entre la china Leapmotor y el gigante Stellantis ya es una realidad tangible en el terreno. Esta colaboración, materializada a través de la sociedad conjunta Leapmotor International, ha fijado su mirada en el municipio zaragozano de Mallén para levantar una planta de ensamblaje de baterías que promete ser una pieza clave en el puzle de la automoción eléctrica europea. La noticia no es moco de pavo, ya que supone un respaldo definitivo a la estrategia de reindustrialización de la zona, aprovechando infraestructuras que anteriormente pertenecían a la cadena logística Dia.
La puesta en marcha de estas instalaciones no solo refuerza la posición de la región como un referente en el sur de Europa, sino que también sirve de balón de oxígeno para la comarca de Campo de Borja. Con un inicio de operaciones previsto para finales de julio, el proyecto llega en un momento de plena ebullición para el sector, justo cuando la producción de nuevos modelos eléctricos empieza a coger ritmo en la cercana factoría de Figueruelas. La intención es clara: crear un ecosistema cerrado donde la tecnología asiática y la experiencia industrial europea se den la mano para liderar el mercado.
Inversión millonaria y capacidad productiva en Mallén

El despliegue económico para hacer realidad este centro de ensamblaje ha alcanzado una inversión total de 25 millones de euros, una cifra que demuestra la ambición de Leapmotor International por consolidarse en nuestro territorio. La factoría se asienta sobre una parcela de 34.000 metros cuadrados, contando con una superficie construida de unos 19.000 metros cuadrados donde se ubicarán las líneas de montaje más avanzadas. Además, este proyecto ha contado con el respaldo institucional a través del Perte del vehículo eléctrico, recibiendo algo más de 4 millones de euros entre subvenciones y financiación pública.
En cuanto a los números de producción, las expectativas son bastante altas. Se estima que la planta tendrá una capacidad media para sacar adelante unas 60.000 baterías cada año, aunque las instalaciones están diseñadas para apretar el acelerador cuando la demanda lo exija, pudiendo alcanzar picos de hasta 100.000 unidades anuales. El objetivo principal es suministrar los componentes necesarios para la plataforma B de la marca, que ya se está implementando en Zaragoza para modelos tan esperados como el SUV eléctrico B10, cuyo lanzamiento está a la vuelta de la esquina.
Tecnología LFP y colaboración con el tejido industrial local
Uno de los puntos técnicos más interesantes de la planta de Mallén es su apuesta por la tecnología de baterías LFP (litio-ferrofosfato). Se trata de un tipo de química que está ganando muchísimos adeptos en la industria actual por su excelente equilibrio entre seguridad, durabilidad y costes de fabricación más contenidos. La fábrica producirá inicialmente dos variantes, denominadas Pro y ProMax, que se adaptarán a las diferentes configuraciones de autonomía y potencia que ofrecerán los vehículos de la firma china fabricados en suelo español.
Pero no todo es tecnología importada; el proyecto busca echar raíces profundas en la economía aragonesa. De hecho, se ha confirmado que al menos una decena de empresas de la comunidad participarán de forma directa en la cadena de suministro y en los procesos auxiliares vinculados al taller de baterías. Esta integración asegura que el conocimiento técnico se quede en casa y que el efecto tractor de la inversión beneficie a otros proveedores locales, fortaleciendo así el clúster de la automoción que lleva décadas siendo el motor de la región.
Empleo cualificado y transferencia de conocimiento entre China y España

La creación de puestos de trabajo es, lógicamente, uno de los aspectos que más ha celebrado el Gobierno autonómico. La planta arrancará con una plantilla inicial de 60 operarios, con la previsión de alcanzar los 90 empleados directos a medida que la producción se estabilice a pleno rendimiento. No se trata simplemente de montar piezas, sino que el proyecto implica una transferencia de saber hacer muy valiosa, donde expertos llegados desde China conviven y forman a los técnicos locales en procesos de vanguardia.
Para asegurar que todo salga a pedir de boca, varios jefes de equipo procedentes de la planta de Figueruelas ya han viajado al país asiático para recibir formación específica en las fábricas de Leapmotor. Estos trabajadores, ahora de vuelta en Mallén, actúan como enlace para implementar los estándares de calidad y eficiencia operativa que la marca exige a nivel global. Es una colaboración codo con codo que pretende fusionar la agilidad tecnológica de Asia con la solvencia y experiencia de la mano de obra especializada que siempre ha caracterizado a la industria del motor en Aragón.
Un futuro conectado con la movilidad eléctrica europea

La ubicación estratégica de Mallén, conectada por la autovía A-68 y a tiro de piedra de los grandes centros logísticos, no es casualidad. Esta planta se integra dentro de una red mucho más amplia que incluye la futura gigafactoría de baterías y el desarrollo de nuevos modelos bajo el paraguas de marcas europeas como Opel. La idea es que Aragón no sea solo un lugar donde se atornillan coches, sino un hub de movilidad avanzada capaz de diseñar y producir los componentes más críticos de los vehículos del mañana, asegurando así su competitividad frente a otros mercados internacionales.
Este nuevo capítulo industrial en la comarca de Campo de Borja marca el camino a seguir para la transición energética del sector. La combinación de una inversión sólida, el apoyo de las administraciones y una mano de obra bien formada sitúa a esta factoría como un ejemplo de cómo atraer capital extranjero para generar riqueza real en el territorio. Con la mirada puesta en el crecimiento de la movilidad sostenible, la planta de Mallén se erige como un componente esencial para que la automoción española siga siendo un referente mundial durante las próximas décadas.
