- Rolls-Royce abandona el objetivo de ser una marca solo eléctrica en 2030 y prolonga la vida de su motor V12.
- Las ventas del Spectre caen un 47 % en 2025 y reducen el peso del coche eléctrico en la gama al 17,7 %.
- La relajación regulatoria en Europa y la homologación Euro 7 del V12 dan margen para mantener la combustión.
- La marca se alinea con otros fabricantes premium europeos que también han enfriado sus planes de electrificación total.

Rolls-Royce ha dado un giro relevante en su estrategia industrial y comercial: la compañía británica ha decidido renunciar a su objetivo de transformarse en una marca exclusivamente eléctrica en 2030. El plan que se presentó hace apenas unos años, cuando la electrificación parecía imparable, queda ahora en suspenso sin una nueva fecha límite cerrada.
La firma de ultra lujo, propiedad del grupo BMW, reconoce que las condiciones de mercado y el contexto regulatorio en Europa y otros territorios ya no son los mismos que cuando se anunció aquella hoja de ruta. A ello se suma un enfriamiento palpable en la demanda de vehículos eléctricos en el segmento más exclusivo, donde los clientes siguen mostrando una fuerte preferencia por los motores de combustión, en especial por el emblemático V12 biturbo de 6,75 litros.
Plan de electrificación 2030
En 2022, el entonces máximo responsable de la marca, Torsten Müller-Ötvös, se comprometió públicamente a que todos los nuevos modelos de Rolls-Royce serían eléctricos a partir de 2030. Aquella declaración llegaba de la mano del lanzamiento del Rolls-Royce Spectre, el primer modelo de batería del fabricante, llamado a abrir una nueva etapa en Goodwood.
El plan pasaba por una renovación progresiva de toda la gama, de manera que la oferta de motores de combustión desapareciera al final de la década. Se calculó incluso que el Spectre debía alcanzar el 20 % de las ventas en 2022 y escalar hasta alrededor del 70 % del volumen total en 2028, reflejando una transición rápida hacia el coche eléctrico dentro del segmento de lujo más extremo.
La realidad del mercado, sin embargo, ha sido muy distinta. Tras un primer año brillante, el Spectre ha sufrido un importante retroceso comercial. Según el último informe anual de BMW, las entregas del coupé eléctrico se redujeron en 2025 a 1.002 unidades, frente a las 1.890 matriculadas en 2024. Es decir, una caída del 47 % en apenas un ejercicio completo desde su debut.
Este descenso de la demanda ha tenido un efecto inmediato en el peso relativo del coche eléctrico dentro de la marca: los modelos de cero emisiones representaron solo el 17,7 % de las ventas en 2025, muy por debajo del 33 % registrado en 2024. Mientras tanto, la gama de combustión se mantiene fuerte, con un aumento del 27,1 % en el Cullinan, un crecimiento del 22,9 % en el Ghost y una demanda estable del Phantom, que sigue siendo el buque insignia tradicional de Rolls-Royce.
En paralelo, la propia marca admite que la demanda de eléctricos en el segmento de ultra lujo no está cumpliendo las previsiones. Tras el entusiasmo inicial, el interés se ha moderado, especialmente frente al atractivo de la tradición mecánica y las sensaciones características de un gran motor de gasolina de alta cilindrada.
Tradición del motor V12

Con este contexto sobre la mesa, el actual consejero delegado, Chris Brownridge, ha confirmado que Rolls-Royce abandona el plazo de 2030 para ser totalmente eléctrica y se compromete a seguir fabricando vehículos con motor V12 más allá de la próxima década. Según sus propias palabras, la marca «construye lo que le piden sus clientes», y en estos momentos la demanda continúa inclinándose de manera muy clara hacia los propulsores de combustión.
El corazón mecánico de esta estrategia es el V12 biturbo de 6,75 litros, un bloque que se ha convertido en exclusivo de Rolls-Royce desde que BMW retirara la unidad N74 de la Serie 7. Este motor desciende de la arquitectura BMW M70 de 1987 y acumula casi cuatro décadas de desarrollo, ofreciendo entre 563 y 592 CV según la versión e imponiéndose como uno de los propulsores de combustión más suaves y refinados que siguen en producción.
Los ingenieros de la marca han trabajado durante años para que el V12 se comporte de una forma casi eléctrica, con mínimas vibraciones, un funcionamiento silencioso y una entrega de par extremadamente lineal. Esa experiencia es, precisamente, uno de los argumentos que esgrimen muchos clientes para seguir apostando por la combustión frente al silencioso empuje de los motores eléctricos.
Pese a este giro, Rolls-Royce no cierra la puerta a la electrificación. El Spectre continúa en producción y sigue siendo uno de los productos tecnológicos más avanzados del fabricante, mientras que la próxima generación del Cullinan contará con una versión totalmente eléctrica para quienes sí apuestan por esta solución. La compañía ha confirmado una inversión de 300 millones de libras en la planta de Goodwood (West Sussex) para ampliar capacidad y poder responder tanto a la demanda de combustión como a la de modelos eléctricos.
Desde la dirección se insiste en que, aunque el Spectre conserve su papel de escaparate tecnológico, el V12 no tiene una fecha de caducidad marcada. Esta decisión llega en un momento en el que la demanda mundial de coches eléctricos se ha enfriado en varios segmentos y en el que la propia mecánica V12 ha logrado la homologación Euro 7 gracias a mejoras en el sistema de escape y en el catalizador, desactivando de facto la presión normativa que se preveía para el final de la década en Europa.
Un cambio de paradigma en la estrategia de Rolls-Royce
El viraje no obedece solo a razones emocionales. Brownridge vincula directamente este movimiento a un cambio de contexto regulatorio y político, especialmente en Europa, donde se ha producido una cierta flexibilización de los plazos y objetivos en materia de emisiones. La prohibición de venta de coches de combustión a partir de 2035, tal y como se anunció en un primer momento, ya no se interpreta con la misma rigidez.
El CEO admite que el plan original tenía lógica cuando se formuló, pero que las previsiones de adopción del coche eléctrico no se están cumpliendo como se esperaba, ni en el mercado europeo ni en otros mercados clave para la marca. Brownridge resume la situación de forma clara: por cada cliente que se entusiasma con el Spectre hay otro que prefiere mantenerse fiel al V12.
Este posicionamiento encaja con el perfil de comprador de Rolls-Royce, un cliente que suele invertir más de 300.000 euros por vehículo y que valora tanto la innovación como la continuidad de ciertas tradiciones mecánicas. La marca entiende que para muchos de ellos el hecho de saber que bajo el capó sigue habiendo un gran motor V12 de gasolina, silencioso pero con presencia, forma parte esencial de la experiencia de propiedad.
El fabricante británico también ha tomado nota de la evolución de otros actores del segmento de lujo. Bentley, Porsche, Lamborghini o Aston Martin han ido ajustando sus calendarios de electrificación, retrasando lanzamientos o introduciendo estrategias más graduales basadas en la convivencia de motores térmicos, híbridos enchufables y modelos 100 % eléctricos. Rolls-Royce, en cierto modo, se suma así a una ola de prudencia dentro del lujo automovilístico europeo.
En el caso concreto de Bentley, el objetivo de vender solo coches eléctricos se ha desplazado y, finalmente, la marca ha abandonado su fecha fija para dejar de ofrecer motores de combustión. Porsche, por su parte, ha confirmado nuevos modelos con motor térmico en paralelo a su gama eléctrica, mientras que otros fabricantes de alto rendimiento, como Lamborghini, avanzan con la electrificación pero sin renunciar a sus motores de gran cilindrada a corto y medio plazo.
Dar al cliente exactamente lo que pide
Uno de los mensajes que más se repiten en las declaraciones de Brownridge es que Rolls-Royce prioriza la demanda real frente a los objetivos teóricos. En la práctica, esto se traduce en mantener una oferta amplia donde el cliente pueda elegir entre un eléctrico como el Spectre o un modelo de combustión con motor V12, siempre que la legislación lo permita en cada mercado.
El directivo reconoce que la apuesta por la electrificación total se diseñó cuando las normativas europeas parecían empujar con fuerza hacia el abandono del motor térmico. Con la evolución posterior del debate político y técnico en Bruselas, y el margen que se está dejando a determinadas tecnologías de combustión de bajas emisiones, el escenario es distinto. Eso abre la puerta a que marcas muy exclusivas como Rolls-Royce se tomen más tiempo para completar su transición.
El fabricante británico también tiene en cuenta que sus coches no se producen en grandes volúmenes, por lo que el impacto medioambiental directo de cada modelo es relativamente limitado si se compara con el parque móvil general europeo. Esta realidad facilita que se pueda justificar la continuidad de un V12 cuidadosamente optimizado para cumplir con las exigencias de la normativa Euro 7 y futuras actualizaciones.
Mientras tanto, la electrificación no se detiene por completo. El Spectre, con su configuración de dos motores eléctricos, unos 585 CV de potencia y cerca de 900 Nm de par, ofrece prestaciones propias de la gama alta, con una batería de alrededor de 102 kWh y autonomías WLTP que pueden rondar los 530 km. Es un producto que, según la marca, ha tenido una excelente acogida en determinados mercados, aunque sin llegar a los volúmenes esperados inicialmente.
Rolls-Royce tiene además en estudio un segundo modelo eléctrico con formato SUV, previsiblemente relacionado con la próxima evolución del Cullinan. Aunque en su día se apuntó a un lanzamiento a medio plazo, el cambio de rumbo en la estrategia de electrificación invita a pensar en calendarios más flexibles y adaptados a cómo responda la clientela, especialmente en Europa y Oriente Medio, dos de los territorios clave para el fabricante.
Un movimiento alineado con el resto del sector europeo
El caso de Rolls-Royce encaja en una tendencia más amplia en la industria del automóvil europea. En los últimos años, numerosos fabricantes han matizado o pospuesto sus planes de electrificación completa, al ver que el crecimiento de la demanda de coches de batería es real, pero no tan rápido ni tan homogéneo como se preveía.
Marcas como Mercedes-Benz, Audi, BMW, Volkswagen, Volvo, Ford, Alfa Romeo, Hyundai, Toyota, Honda, Mazda o Stellantis (Citroën, Opel, DS) han optado por reforzar las gamas híbridas enchufables y los motores de combustión eficientes, en lugar de abandonar por completo estas tecnologías a corto plazo. En el extremo más lujoso, Bentley, Lamborghini, Aston Martin o McLaren han comunicado movimientos similares, muchas veces vinculados a la evolución de la regulación europea hacia 2035.
El mensaje de fondo es que la electrificación seguirá avanzando, pero no a la misma velocidad en todos los segmentos ni en todas las regiones. En Europa, donde la normativa de emisiones es especialmente exigente, los fabricantes combinan la inversión en plataformas eléctricas con la actualización de sus motores de combustión para cumplir estándar tras estándar. Rolls-Royce, con la homologación Euro 7 de su V12, se beneficia de ese margen técnico para continuar explotando un propulsor que ya forma parte de su identidad de marca.
En paralelo, la dirección de la compañía evita fijar ahora un nuevo horizonte rígido para la desaparición de la combustión. Brownridge se ha negado a concretar una fecha en la que toda la gama pase a ser exclusivamente eléctrica o a detallar cuántos modelos de batería se lanzarán en los próximos años. Prefiere una aproximación basada en la observación continua del mercado y en la evolución tanto de la regulación europea como de la infraestructura de recarga en los principales países donde opera la marca.
Esta postura supone un cambio claro respecto a la etapa de Müller-Ötvös, que apostó por un calendario muy concreto apuntando a 2030. El nuevo equipo directivo prefiere una hoja de ruta más abierta y menos condicionada por predicciones que, a la vista de los datos actuales, se han demostrado demasiado optimistas en cuanto a la velocidad de adopción del coche eléctrico en el lujo extremo.
Con todos estos movimientos, Rolls-Royce se coloca como un ejemplo más de cómo incluso las firmas más iconográficas del viejo continente están ajustando su rumbo entre la tradición y la innovación. La marca británica seguirá ampliando su oferta de eléctricos, pero mantendrá su V12 en catálogo mientras la ley y sus clientes se lo permitan, en una estrategia que refleja tanto la realidad del mercado europeo como la singularidad del segmento en el que compite.