- El sistema GESS utiliza bloques de hasta 35 toneladas que suben y bajan para almacenar y liberar electricidad mediante energía potencial.
- Es una alternativa sostenible al litio, ya que utiliza materiales reciclados como cenizas de carbón o escombros y tiene una vida útil superior a 35 años.
- Empresas como Energy Vault ya implementan estas torres en China y tienen proyectos ambiciosos en Sudáfrica para estabilizar redes eléctricas.
Llevamos tiempo escuchando que las renovables son el camino a seguir, y es que el sol y el viento son gratis y no ensucian el planeta. Pero hay un problema que nos tiene complicados: la intermitencia de estas fuentes. No siempre sopla el viento ni brilla el sol justo cuando encendemos la cafetera o el horno por la noche, lo que nos obliga a depender de la red eléctrica tradicional, que todavía abusa del gas y el carbón.
Para solucionar este lío, solemos pensar en las baterías de litio, pero la verdad es que salen por un ojo de la cara, duran muy poco y dependen de materiales extraídos en minas lejanas con condiciones bastante cuestionables. Aquí es donde entra en juego una idea que parece sacada de un libro de física de instituto pero que es brillante: usar la gravedad para guardar electricidad sin complicaciones químicas ni metales raros.
El ingenioso mecanismo del bloque que cae
Esta tecnología, conocida como almacenamiento de energía por gravedad (GESS), se basa en un concepto muy sencillo: si usas la electricidad que te sobra al mediodía para levantar algo pesadísimo y luego lo dejas caer, puedes recuperar esa energía. La empresa Energy Vault es la que lleva la batuta en esto, diseñando estructuras imponentes que parecen rascacielos brutalistas.
Imagina una torre de unos 120 a 148 metros de altura. Cuando los parques solares o eólicos producen más de lo que consumimos, unas grúas internas aprovechan ese excedente para subir bloques de hormigón de entre 25 y 35 toneladas cada uno. En ese momento, la corriente se transforma en energía potencial gravitatoria. Cuando llega la noche y la demanda sube, los bloques bajan de forma controlada, haciendo girar un generador que devuelve la electricidad a la red, muy parecido a lo que ocurre en las centrales hidroeléctricas de bombeo, pero sin necesidad de ríos ni montañas.
Ventajas frente al litio y el hidrógeno
A diferencia de las pilas químicas, este sistema no se degrada con el tiempo. Mientras que una batería de litio se queda corta a los 10 o 15 años y es un dolor de cabeza reciclarla, estas torres de bloques tienen una vida operativa de más de 35 años. Además, el coste es mucho más ajustado, rondando los 0,05 dólares por kWh, lo que supone casi un tercio de lo que costaría hacer lo mismo con litio.
- Sostenibilidad: No usa materiales tóxicos ni inflamables, evitando los riesgos de incendio.
- Economía Circular: Los bloques pueden fabricarse con cenizas de carbón recicladas o escombros de construcción.
- Versatilidad: Se pueden instalar en cualquier terreno llano, e incluso se ha planteado integrarlas en fachadas de edificios o pozos de minas abandonadas.
Eso sí, no todo es color de rosa. Este sistema es un titán que requiere muchísimo espacio y estructuras descomunales, por lo que no sirve para el coche, sino para plantas energéticas a gran escala. Su eficiencia está entre el 80% y el 90%, un pelín por debajo del litio, pero compensa con creces su durabilidad y bajo impacto ambiental.
Implementaciones reales: De China a Sudáfrica
Esto ya no es ciencia ficción. En China, concretamente en Rudong, ya funciona la primera batería gravitacional comercial a gran escala, capaz de almacenar 100 MWh de energía limpia. Esta instalación utiliza bloques fabricados con tierra y residuos industriales, dando una segunda vida a materiales que acabarían en un vertedero.
Por otro lado, Sudáfrica ha firmado un acuerdo estratégico a través de la eléctrica Eskom para combatir sus famosos cortes de luz (load-shedding). El plan es montar una planta en Hendrina con 25 MW de potencia y, a largo plazo, alcanzar los 4 GWh de almacenamiento en toda la región de África Austral para 2035. Lo más curioso es que quieren aprovechar las cenizas de sus antiguas centrales térmicas para crear los bloques, transformando la basura del pasado en la energía del futuro.
El panorama global de los materiales energéticos
Mientras que estas soluciones mecánicas ganan terreno, la industria del coche eléctrico sigue presionando la demanda de materiales químicos. Se estima que para 2036 se necesitarán más de 22 millones de toneladas de materiales para baterías de vehículos. Aunque el litio sigue siendo el rey por su densidad energética, hay una tendencia hacia las baterías LFP por ser más baratas, aunque los modelos de lujo sigan prefiriendo el níquel y el cobalto debido a su alto rendimiento.
Este escenario hace que las baterías de gravedad sean el complemento perfecto. Mientras el litio se encarga de la movilidad, el hormigón y la gravedad pueden encargarse de estabilizar las redes eléctricas nacionales. Incluso se estudia el uso de palas de aerogeneradores recicladas para construir estos bloques, resolviendo así otro problema medioambiental grave.
La transición hacia un mundo sin combustibles fósiles requiere soluciones variadas. Desde las plantas solares de Campo Arañuelo en Extremadura hasta las torres de bloques en Asia, la clave está en dejar de depender de minerales críticos y aprovechar fuerzas naturales. El uso de estructuras mecánicas masivas que no se oxidan ni se gastan permite que la electricidad renovable esté disponible siempre, sin importar si el sol se ha ido a dormir o si el viento ha dejado de soplar.


