- Tesla y SpaceX presentan un Roadster con propulsores de gas frío, ventiladores de succión y maniobras aéreas breves.
- Habrá tres variantes: Performance, Thrust y Rocket, con aceleraciones declaradas y depósitos de 50.000 y 250.000 dólares.
- La producción se prevé para 2028, pero no hay precio final, entrega garantizada ni homologación para circular por vías públicas.
- La capacidad de elevarse es limitada y la versión Rocket, solo por invitación, no está autorizada para la carretera.
La puesta de largo del nuevo Tesla Roadster ha vuelto a colocar a Elon Musk en el centro de la conversación. La marca y SpaceX han mostrado en Texas un deportivo eléctrico con propulsores de gas frío y ventiladores de succión capaz de elevarse unos instantes, saltar y girar en el aire. La escena fue muy vistosa, aunque conviene separar la demostración de lo que después podrá comprarse y usarse en una carretera.
En España y en el resto de Europa, la expectación choca con una realidad menos brillante: Tesla no ha detallado precios finales en euros ni un calendario comercial cerrado, y la versión más llamativa no está homologada para circular por vías públicas. La producción se sitúa en 2028, pero la compañía tampoco garantiza por escrito la entrega ni las especificaciones definitivas. Todo apunta a una operación de imagen con mucha parafernalia, aunque con la letra pequeña bien visible.
Qué se vio en la demostración de Texas
El acto se celebró en las instalaciones de pruebas de SpaceX en McGregor, Texas, y siguió el guion habitual de Musk: música, humo, cuenta atrás y una puesta en escena pensada para redes sociales. El Roadster subió por una rampa curva, quedó boca abajo pegado al trazado y después se impulsó en el aire, dio una voltereta y aterrizó de forma controlada. La demostración también incluyó saltos por encima de otros vehículos de Tesla.
El sistema combina ventiladores que extraen aire bajo la carrocería para aumentar la adherencia con propulsores de aire comprimido desarrollados junto a SpaceX. Esa mezcla permite despegar durante pocos segundos y amortiguar la caída, pero no convierte al coche en un vehículo de vuelo libre para el día a día. La propia compañía presenta estas maniobras como una exhibición técnica, no como una función pensada para el tráfico abierto.
Tres versiones, cifras récord y reservas

Tesla ha anunciado tres configuraciones. La versión Performance, de dos plazas, promete pasar de cero a casi 100 km/h en menos de 1,6 segundos. La Thrust añade propulsores traseros y baja ese registro por debajo de 0,9 segundos. La Rocket, de una sola plaza y disponible solo por invitación, incluye propulsores adicionales y capacidad de maniobra aérea, con una aceleración declarada inferior a 0,59 segundos.
La compañía también habla de más de 370 km/h de velocidad máxima y una autonomía superior a 480 km, cifras que quedan lejos de los 1.000 km prometidos en el prototipo de 2017. Para reservar las variantes convencionales, Tesla pide depósitos de 50.000 dólares en Performance y 250.000 dólares en Thrust, una cantidad que en Europa se traduce en una señal muy alta para un coche que aún no tiene precio final confirmado. La marca no aclara cuándo se cerrarán las especificaciones de producción.
Volar, sí, pero con letra pequeña legal y técnica
La palabra «volador» necesita matices. El Roadster puede separarse del suelo y ejecutar saltos breves gracias al aire comprimido, pero no está diseñado para recorrer distancias como un avión ni para circular por el aire en tráfico abierto. La variante Rocket, según Tesla, sí podría despegar y maniobrar, aunque la empresa reconoce que no está homologada para vías públicas y que su disponibilidad dependerá de la legislación de cada región.
Musk admitió durante la presentación que el vehículo no está necesariamente optimizado para la seguridad, una frase que encaja mal con cualquier debate sobre homologación. En Europa, la normativa de tráfico no contempla un coche que circule por el aire y la capacidad de vuelo no equivale a un permiso de circulación. Además, la propia Tesla limita esas maniobras a la demostración y recuerda que la versión Rocket podría no estar disponible en todos los mercados.
Retrasos, dudas comerciales y mirada europea

El nuevo Roadster llega casi una década después de que Tesla mostrara el prototipo en 2017 y prometiera entregas para 2020. Desde entonces ha acumulado aplazamientos, mientras la compañía priorizaba modelos de gran volumen, la conducción autónoma y sus robots humanoides. Ahora la producción se fija en 2028, pero la web de reservas no garantiza el precio final, el equipamiento ni la fecha de entrega, y el depósito solo es reembolsable antes de firmar el contrato definitivo.
Para el comprador europeo, las incógnitas son aún mayores: no hay una tarifa en euros confirmada, la homologación de las versiones con propulsores está por resolver y la normativa española y europea no permite circular por el aire con un turismo. La presentación también llega en un momento en que Tesla centra buena parte de su discurso en la conducción autónoma y la robótica, más que en ampliar su gama convencional. La intención de Musk parece más centrada en recuperar el relato que en poner de inmediato un coche volador en cada garaje.
Lo que queda claro es que el Tesla Roadster volador es, sobre todo, un ejercicio de escaparate: saltos y elevaciones breves, reservas elevadas y una producción prevista para 2028. La versión Rocket podrá despegar según la marca, pero no está homologada para la calle; las demás añaden propulsores sin convertirse en un transporte aéreo. En Europa, hasta que existan precios, pruebas y normativa clara, conviene mirar la función con la misma distancia con la que se contempla un anuncio muy bien producido.
