- La economía circular de baterías eléctricas avanza con proyectos piloto como el de Porsche y cylib para reutilizar materiales críticos.
- Europa refuerza su normativa para gestionar el creciente volumen de baterías al final de su vida útil y reducir la dependencia de materias primas.
- Nuevos métodos como el de la Universidad de Cornell permiten reparar electrodos y alargar la vida de las baterías, abaratando costes frente al reciclaje tradicional.
- Empresas como TERREPOWER lanzan soluciones de segunda vida y refabricación para maximizar el valor de las baterías antes de su reciclaje definitivo.

El imparable crecimiento del vehículo eléctrico en Europa ha puesto sobre la mesa un desafío que hasta hace poco pasaba desapercibido: qué hacer con las baterías cuando llegan al final de su vida útil. Lejos de ser un simple problema de residuos, se ha convertido en una oportunidad industrial estratégica que combina sostenibilidad, soberanía tecnológica y un negocio millonario en plena expansión.
Las cifras hablan por sí solas. Según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía, alrededor de 1,2 millones de baterías de vehículos eléctricos podrían llegar al final de su ciclo en 2030 a nivel mundial, una cifra que se dispararía hasta los 14 millones en 2040. En este contexto, el reciclaje de baterías y la economía circular no solo es una necesidad medioambiental, sino una pieza clave en la cadena de suministro de litio, cobalto, níquel y manganeso, materiales imprescindibles para fabricar nuevas baterías.
La apuesta de Porsche por el reciclaje de baterías
Uno de los proyectos más destacados en Europa es el que lidera Porsche junto a la empresa alemana cylib. La marca de Stuttgart ha logrado fabricar por primera vez celdas de batería utilizando material activo reciclado del cátodo procedente exclusivamente de sus propias baterías de alta tensión. Estas celdas se someten ahora a exhaustivas pruebas en condiciones reales de uso para verificar su rendimiento y durabilidad.
Joachim Scharnagl, miembro del Consejo de Dirección de Porsche responsable de Compras, ha señalado que este avance es fundamental para avanzar en economía circular y en seguridad de suministro, manteniendo siempre la exigencia de mejorar el proceso, la calidad y el uso eficiente de los recursos. Tras recuperar y tratar metales como litio, níquel, cobalto y manganeso, el proyecto ha entrado en una nueva fase donde estos materiales reciclados sustituyen por completo a los primarios.
Desde cylib, su codirectora Lilian Schwich destaca que el proyecto piloto demuestra que su planteamiento funciona en la práctica: las materias primas procedentes de baterías Porsche que terminan su primer uso pueden volver a formar parte de baterías de altas prestaciones para vehículos de la marca. Los primeros resultados apuntan a que el proceso es técnicamente viable y se esperan más datos en la segunda mitad de 2026.
Reparar en lugar de reciclar: el método que lo cambia todo
Mientras la industria debate entre la pirometalurgia y la hidrometalurgia como métodos convencionales de reciclaje, la Universidad de Cornell ha desarrollado un enfoque radicalmente distinto. En lugar de triturar las baterías para recuperar metales, los investigadores han creado un proceso que repara los electrodos dañados y permite reutilizarlos, recuperando hasta el 95% de la capacidad inicial de la batería.
El método, que trata las baterías con un compuesto llamado DMI en un baño electroquímico, elimina la capa de electrolito sólido que se acumula en los electrodos durante la carga y descarga, pero sin dañar la estructura interna. Los resultados muestran que las baterías regeneradas presentan una tasa de degradación de solo 0,042% por ciclo, frente al 0,072% de las no tratadas, manteniéndose estable durante unos 800 ciclos.
Este enfoque es significativamente más económico que los métodos tradicionales: se estima un coste de 14,25 dólares por kilogramo frente a los 26,31 dólares del reciclaje convencional. No obstante, el proceso solo funciona cuando la pérdida de rendimiento se debe principalmente a la acumulación de la capa SEI; las baterías con daños estructurales o pérdida de litio seguirían requiriendo reciclaje convencional.
Esta investigación llega en un momento clave, cuando numerosas empresas y centros de investigación buscan alternativas para gestionar la creciente cantidad de baterías envejecidas. En lugar de descomponer inmediatamente la batería en sus componentes químicos, métodos como el de Cornell buscan salvar primero los electrodos y alargar su vida útil.
TERREPOWER y la segunda vida de las baterías
En el ámbito comercial, la compañía TERREPOWER ha anunciado recientemente el lanzamiento de su marca Ontility, dedicada a soluciones para el ciclo de vida de baterías de vehículos eléctricos en Europa y Norteamérica. El enfoque de esta empresa es claro: extender al máximo la vida útil de las baterías antes de que lleguen al reciclaje, priorizando la opción de mayor valor en cada caso.
Duncan Gillis, consejero delegado de TERREPOWER, explica que mantener y prolongar la vida útil de las baterías será tan importante como su fabricación. Con operaciones en 90 países, la compañía ofrece soluciones de baterías de segunda vida de los coches eléctricos, refabricación y reconversión para baterías fuera de garantía, así como vías responsables de reciclaje para cuando llegan al final de su vida útil en el vehículo. En Europa, donde las ventas de vehículos eléctricos aumentaron un 38% interanual en el primer semestre de 2025, la demanda de estos servicios se disparará en los próximos años.

La normativa europea impulsa la economía circular
La Unión Europea está jugando un papel fundamental en este cambio de paradigma. La nueva normativa sobre baterías, que entró en vigor de forma progresiva desde 2023, obliga a los fabricantes a asumir la responsabilidad de sus productos durante todo el ciclo de vida, incluyendo la recogida, el tratamiento y el reciclaje de las baterías al final de su vida útil.
Esta regulación, pionera a nivel mundial, establece objetivos de reciclaje de litio del 50% para 2027 y del 75% para 2031, además de exigir la recuperación de otros materiales como cobalto, níquel y cobre en porcentajes superiores al 90% a partir de 2026. La norma también introduce requisitos de contenido reciclado obligatorio para baterías nuevas, lo que fomenta la creación de un mercado de materiales secundarios.
En este sentido, Porsche ya ha incorporado las conclusiones de su proyecto piloto a su proceso habitual de gestión de baterías usadas. La marca alemana recicla las baterías de alta tensión retiradas de sus Centros en Alemania mediante un innovador proceso basado en agua desde mayo de 2026, y prevé que el material recuperado esté disponible para la fabricación de nuevas baterías a partir de 2028.
China marca el ritmo en la gestión de baterías usadas
Aunque Europa avanza con paso firme, China sigue siendo el principal laboratorio mundial de reciclaje de baterías. El país asiático, que domina cerca del 80% de la producción mundial de baterías, se enfrenta a un desafío monumental: gestionar más de un millón de toneladas de baterías usadas cada año para 2030. Para ello, el gobierno chino está endureciendo las normas de trazabilidad, obligando a los fabricantes a asumir responsabilidades y combatiendo el desmantelamiento ilegal.
El gigante asiático ha entendido que el control del reciclaje es clave para mantener su dominio en la cadena de suministro de baterías. Empresas como CATL, el mayor fabricante mundial de baterías, ya invierten fuertemente en infraestructura de reciclaje y esperan que el almacenamiento de energía represente la mitad de sus ventas globales para 2030. Este movimiento estratégico busca reducir costes y asegurar el suministro de materiales críticos a largo plazo.
La paradoja del vehículo eléctrico es evidente: la transición reduce la dependencia de los combustibles fósiles pero crea nuevos desafíos. Cambiamos gasolina por litio, tubos de escape por baterías y aceite quemado por cadenas de reciclaje mucho más complejas. La revolución verde necesita, por tanto, una segunda capa basada en la economía circular, la regulación y la tecnología para reutilizar materiales.
El futuro del coche eléctrico no se juega solo en las fábricas ni en la autonomía de las baterías, sino también en los centros de reciclaje, en los laboratorios que diseñan nuevos métodos de reparación y en las normativas que definen cómo gestionar los residuos tecnológicos. Europa tiene ahora la oportunidad de liderar esta segunda revolución, creando un ecosistema industrial completo que aproveche los recursos ya extraídos y reduzca la dependencia de terceros países. La carrera está en marcha, y los próximos años serán decisivos para determinar quién controla el ciclo completo de la movilidad eléctrica.

