- Ford propone a los sindicatos una comisión negociadora para renovar el acuerdo por la electrificación de la planta de Almussafes.
- El pacto original de 2022 permitió acceder al Mecanismo RED del ERTE y garantizó el lanzamiento de un futuro modelo multienergía.
- UGT valora de forma positiva la nueva negociación, mientras que STM Intersindical muestra más cautela sobre el impacto en la plantilla.
- El contexto incluye conversaciones con Geely y el desembarco de marcas chinas, que pueden redefinir el papel de Almussafes en Europa.

La planta de Ford en Almussafes vuelve a situarse en el centro del debate industrial y laboral en España. Tras varios años marcados por expedientes de regulación temporal de empleo y por la incertidumbre sobre la llegada de nuevos modelos, la dirección de la compañía ha dado el paso de abrir una negociación formal para renovar el acuerdo por la electrificación que se firmó en 2022.
Este movimiento busca establecer un nuevo marco de estabilidad para los próximos años, ligado a la transformación de la fábrica hacia la movilidad eléctrica y multienergía. Los sindicatos ven en esta negociación una oportunidad para aclarar el futuro de la planta valenciana, aunque también advierten de que la percepción de la plantilla no siempre coincide con el discurso oficial sobre los beneficios del pacto anterior.
Una nueva comisión negociadora para actualizar el acuerdo
La dirección de Ford ha planteado en una comisión consultiva con los sindicatos de Almussafes la creación de una comisión negociadora específica para revisar y actualizar el acuerdo por la electrificación firmado hace cuatro años. La intención de la empresa es que esta mesa de negociación se ponga en marcha de inmediato, con reuniones previstas a partir de la próxima semana.
Según ha trasladado UGT, sindicato mayoritario en la factoría, la propuesta se interpreta como un paso relevante porque permite hablar, con cierta profundidad, del horizonte industrial y laboral de la planta. Para la organización, poder sentarse a redefinir las condiciones ligadas a la electrificación supone empezar a despejar dudas sobre el empleo, la carga de trabajo y los proyectos que deben llegar a medio plazo.
Desde STM Intersindical, por su parte, se describe la reunión consultiva como «bastante corta», aunque suficiente para constatar la voluntad de la compañía de impulsar un nuevo acuerdo de cara al futuro. La central reconoce que el pacto de 2022 fue considerado muy positivo por la dirección, al situar a Almussafes en una posición competitiva frente a otras plantas europeas, pero matiza que la experiencia diaria de la plantilla no es tan optimista.
UGT ya ha avanzado que celebrará una asamblea de afiliados el 1 de junio para explicar los detalles del proceso y fijar su posición ante esta negociación. En paralelo, se espera que la empresa concrete qué elementos del acuerdo original quiere revisar, desde las garantías de empleo hasta las medidas de flexibilidad o recualificación profesional.
Qué supuso el acuerdo por la electrificación de 2022
El acuerdo firmado en 2022 se presentó en su momento como una pieza clave para asegurar el futuro de Almussafes. Aquel texto, impulsado por UGT-PV tras intensas reuniones con la división europea de Ford en Colonia, se asoció con la decisión de asignar a la planta un vehículo multienergía con lanzamiento previsto para 2027, y con una producción estimada de hasta 300.000 unidades anuales.
Además, el pacto permitió a la fábrica acogerse al Mecanismo RED de ERTE, una herramienta que ha servido para mantener el empleo mientras la planta ajustaba su producción y esperaba la llegada de nuevos modelos. Este mecanismo, aprobado por primera vez en diciembre de 2024, implicaba un compromiso de conservación de los puestos de trabajo y un programa de recualificación para las personas trabajadoras.
En la práctica, la planta valenciana se ha apoyado en distintos ERTE en los últimos años para gestionar un excedente de plantilla. Desde 2024, Almussafes produce únicamente el Ford Kuga, a la espera de que el proyecto del futuro modelo multienergía se concrete del todo y empiece a generar la carga de trabajo prometida.
La dirección de la empresa ha reiterado que el compromiso adquirido con la electrificación se está materializando de forma gradual. Según UGT, uno de los primeros resultados visibles será la puesta en marcha de equipos específicos para supervisar las tareas de lanzamiento del nuevo vehículo, cuyas funciones se regularán mediante los Planes de Desarrollo de Carrera, con la intención de aportar algo más de certidumbre para los próximos años.
Competitividad, ayudas públicas y la pugna entre plantas europeas
La apuesta por la electrificación en Almussafes no se entiende sin recordar la competencia interna con otras fábricas europeas de Ford. Hace cuatro años, la multinacional enfrentó a la planta valenciana con la de Saarlouis por la adjudicación de la plataforma GE-2, sobre la que se ensamblaba el Mustang eléctrico. Almussafes resultó ganadora de esa «batalla» industrial y, como consecuencia, se alcanzó el acuerdo por la electrificación que ahora se pretende revisar.
Sin embargo, el camino no ha estado exento de decisiones complejas. Tras el pacto, Ford renunció a 106 millones de ayudas públicas del PERTE de la automoción, al considerar que no podría comenzar la producción de nuevos vehículos en 2026, tal y como exigían esos fondos europeos. Esta renuncia puso de relieve las dificultades de la compañía para ajustar plazos e inversiones en un contexto de transición acelerada hacia el coche eléctrico.
La situación actual devuelve a Almussafes a un escenario parecido al de entonces, con la diferencia de que ahora el panorama competitivo es aún más intenso. El desembarco de marcas chinas en el mercado europeo, y en España en particular, presiona a los fabricantes tradicionales para optimizar sus capacidades productivas y sus costes, como la rectificación de la hoja de ruta de algunos fabricantes que renunciaron a la electrificación total.
En este contexto, la planta valenciana vuelve a ser una pieza estratégica en los planes de Ford, pero también un activo industrial que despierta el interés de otros actores del sector, lo que añade complejidad a cualquier negociación sobre su futuro.
Visita de Ford Europa y conversaciones con Geely
La apertura de la nueva negociación llega pocas semanas después de la visita a Almussafes del presidente de Ford Europa, Jim Baumbick. Durante su paso por la factoría, trasladó un mensaje que UGT interpretó como un gesto de tranquilidad: según el directivo, ve a Valencia desempeñando un papel fundamental en la transformación de Ford en el continente.
La compañía ya había comunicado, el pasado mes de diciembre, que la planta valenciana seguirá siendo clave dentro de la siguiente fase de su transformación europea. En esa estrategia, Almussafes se perfila como un centro relevante para el despliegue de una cartera renovada de vehículos de pasajeros en Europa, combinando tecnologías electrificadas y otras soluciones multienergía.
Al mismo tiempo, han trascendido conversaciones entre Ford y la empresa china Geely sobre un posible intercambio de capacidad de fabricación en Europa. Entre las posibilidades en estudio figura el análisis de usos para la planta de montaje de Almussafes, lo que incluye, según diversas informaciones, la eventual entrada de un fabricante chino en parte de las instalaciones.
Desde la compañía no se ha confirmado ni desmentido de forma categórica una operación de este tipo, pero el mero hecho de que exista ese diálogo ha generado expectación en el sector. La industria auxiliar de la Comunitat Valenciana observa estos movimientos con atención y reclama que cualquier acuerdo sirva para fortalecer la cadena de valor regional, dada la fuerte dependencia que muchos proveedores tienen de la producción de Ford en la zona.
Posturas sindicales y preocupación en la plantilla
En el terreno sindical, la renovación del acuerdo por la electrificación se vive con una mezcla de cautela y esperanza. UGT-PV, como sindicato mayoritario, insiste en que el nuevo proceso negociador es una oportunidad para volver a blindar el futuro de la planta y aportar respuestas a las dudas sobre empleo, inversiones y modelos que llegarán a partir de 2027.
La organización ya ha trasladado mensajes de optimismo y agradecimiento a las administraciones y a la sociedad por el apoyo prestado en los últimos años, subrayando que los compromisos alcanzados entre UGT y Ford «se están cumpliendo», aunque sea a ritmo más lento del previsto. Aun así, es consciente de que la plantilla continúa pendiente de concreciones más tangibles.
STM Intersindical adopta un tono más crítico. Aunque reconoce que, desde la perspectiva de la dirección, el acuerdo por la electrificación ha reforzado la competitividad de Almussafes frente a otras plantas europeas, insiste en que las condiciones reales de los trabajadores no siempre reflejan esos supuestos beneficios. El sindicato recalca que el impacto de ERTE encadenados, unido a la falta de nuevos modelos en producción, ha mantenido viva la preocupación entre las personas empleadas.
En el conjunto de la fábrica, persiste la sensación de que la transformación hacia la electrificación todavía no se ha traducido plenamente en una carga de trabajo estable. La asignación del vehículo multienergía para 2027 se ve como un hito necesario, pero la falta de anuncios definitivos y calendarios detallados alimenta la inquietud.
A la espera de que avance la negociación, el tejido social y económico que rodea a Almussafes sigue de cerca cada movimiento de la multinacional estadounidense. De la definición del nuevo acuerdo dependerá no solo la planificación interna de la planta, sino también la capacidad de la región para consolidarse como un polo de automoción competitivo en la nueva etapa eléctrica y multienergía.
En conjunto, la reapertura del diálogo sobre la electrificación en Almussafes coloca de nuevo a la factoría valenciana en una encrucijada decisiva: la forma en que Ford, sindicatos y administraciones sean capaces de encajar las piezas —desde el futuro modelo multienergía hasta las posibles alianzas con fabricantes como Geely— marcará si la planta consolida su posición como referencia europea en la nueva movilidad o si la transición queda a medio gas, con más dudas que certezas para la plantilla y el entorno industrial que depende de ella.