- Freelander renace como marca de SUVs electrificados fruto de la alianza entre Chery y Jaguar Land Rover
- Primer modelo: gran SUV de unos 5,1 metros, tres filas y hasta seis asientos con arquitectura de 800V
- Gama con versiones 100% eléctricas, híbridas enchufables y de autonomía extendida sobre plataformas de Chery
- Lanzamiento inicial en China con planes de exportación a Europa y otros mercados en función de aranceles y demanda
El nombre Freelander vuelve al escaparate del automóvil, pero no como una simple actualización del SUV compacto que conocimos a finales de los noventa, sino como una marca nueva de vehículos electrificados nacida de la alianza entre Chery y Jaguar Land Rover (JLR). El histórico modelo se transforma ahora en una gama completa de todocaminos de nueva generación, desarrollados y fabricados principalmente en China, pero con un claro guiño al gusto europeo.
El primer paso de este regreso lo protagoniza un gran SUV 4×4 con arquitectura eléctrica de 800 voltios, capaz de admitir diferentes configuraciones mecánicas: desde versiones 100% eléctricas hasta híbridos enchufables y variantes con extensor de autonomía. Se trata de un proyecto pensado para el mercado chino como prioridad, aunque ya se ha confirmado la intención de llevarlo a Europa y otros destinos cuando el producto esté asentado y las condiciones arancelarias lo permitan.
Una marca nueva con un nombre muy conocido
Cuando se habla de que Freelander vuelve, es fácil imaginar el retorno de un modelo Land Rover clásico con algunos retoques estéticos. Sin embargo, lo que se ha puesto en marcha es algo bastante diferente: Freelander operará como una marca independiente dentro de la estructura de la joint venture entre Chery y Jaguar Land Rover, con su propia identidad, gama y red comercial diferenciadas de Range Rover, Defender, Discovery y Jaguar.
En esta nueva etapa, el emblema Land Rover no aparecerá en el frontal, aunque el peso emocional del nombre Freelander juegue claramente a su favor en Europa. La idea es posicionar esta firma como la puerta de acceso al universo 4×4 de inspiración británica, pero apoyándose en la ingeniería, plataformas y fábricas de Chery en China. La planta de Changshu, que ya producía versiones de batalla larga del Evoque y del Discovery Sport para el mercado local, será el corazón industrial de este proyecto.
El lanzamiento se articula alrededor del Concept 97, un prototipo que sirve de carta de presentación y rinde homenaje al debut del Freelander de 1997. Este concept adelanta las líneas maestras del nuevo lenguaje de diseño y anticipa la configuración clave: gran SUV de tres filas y seis plazas, con alto contenido tecnológico y enfoque claramente electrificado.
Un gran SUV de 5,1 metros: diseño, tamaño y espacio
Uno de los datos que mejor ilustran el cambio de enfoque es el tamaño: el nuevo Freelander rondará los 5,1 metros de longitud, con una distancia entre ejes superior a los 3 metros. Estamos, por tanto, ante un SUV grande, muy por encima de aquel compacto de unos 4,4 metros que abrió el segmento de los SUV premium pequeños a finales de los noventa.
Este crecimiento permite ofrecer un interior distribuido en tres filas y hasta seis plazas con buenas cotas para los ocupantes. La configuración más probable plantea dos butacas individuales en la segunda fila, al estilo “captain chairs”, y una tercera fila utilizable en trayectos razonables, sin sacrificar en exceso el espacio de maletero. El objetivo es situarlo en la liga de los grandes SUV familiares que empiezan a ser habituales tanto en China como en otros mercados como Estados Unidos o, en menor medida, Europa.
En el exterior, las primeras imágenes y filtraciones muestran un diseño robusto, de proporciones cuadradas y postura muy elevada. El frontal recurre a superficies verticales, faros rectangulares con firma lumínica LED tipo “píxel” y un paragolpes contundente, elementos que evocan de forma clara el mundo de los todoterrenos clásicos. No son pocos los que ya lo describen como un “mini Defender” con acento chino, aunque la marca insiste en que tendrá personalidad propia.
La vista lateral subraya esa idea con pasos de rueda generosos, líneas tensas y una cintura alta que refuerza la sensación de solidez. Las formas cuadradas y los plásticos de protección dan continuidad a la herencia 4×4, mientras que el tratamiento de pilares y techo introduce notas más juveniles. En el Concept 97 se han visto incluso variantes de tres puertas con techo rígido desmontable, un guiño muy evidente al Freelander original.
La zaga recurre a un portón casi vertical y grupos ópticos integrados que buscan ser reconocibles a distancia. El conjunto está pensado para transmitir una mezcla de vehículo de aventura y SUV familiar, algo que encaja bien con lo que muchos conductores europeos asocian a la marca Land Rover, aunque oficialmente esta nueva etapa de Freelander quede desligada de ese logotipo.
Interior digital, conectividad y la mano de Huawei
Por dentro, aunque todavía no se han mostrado todas las imágenes definitivas de la versión de serie, sí hay una idea clara de por dónde irán los tiros. El habitáculo estará dominado por pantallas de gran formato, con un cuadro de instrumentos digital y una pantalla central panorámica que concentrará la mayor parte de los mandos.
El Concept 97 propone un salpicadero muy horizontal, rematado por una gran superficie de visualización continua y un sistema multimedia avanzado. A diferencia de la tendencia más radicalmente minimalista de otras marcas, Freelander conservará ciertos controles físicos, con diales y botones en el volante y algunas palancas convencionales para funciones básicas, algo que puede agradecer un público que busca tecnología pero no quiere depender solo de menús táctiles.
La segunda fila contará con su propia consola y una pantalla desplegable para los pasajeros, que podrán gestionar parte del sistema de infoentretenimiento y funciones de confort. En el corazón del sistema se integrará un chip Qualcomm Snapdragon de última generación junto con el ecosistema de conectividad de Chery, que ya ha mostrado interfaces muy visuales y abundantes servicios conectados en sus marcas Omoda y JAECOO.
Uno de los puntos más llamativos es la participación de Huawei. El nuevo Freelander empleará el sistema de conducción inteligente Qiankun ADS 4.1, que combina un potente cerebro informático con sensores avanzados, entre ellos un LiDAR de alta precisión. Sobre el papel, esto permitirá ofrecer asistentes de conducción de nivel superior, tanto en autopista como en ciudad, así como funciones de aparcamiento automatizado y maniobras guiadas en espacios reducidos.
Todas estas capacidades llegarán integradas sobre una plataforma eléctrica de Chery, con actualización remota de software (OTA), servicios en la nube y una fuerte personalización de los modos de conducción. En mercados como el europeo, la disponibilidad de algunas funciones dependerá de la regulación local y de acuerdos con proveedores de servicios, por lo que no todo lo que se ofrezca en China llegará necesariamente sin cambios.
Mecánicas electrificadas y arquitectura de 800 voltios
En el apartado técnico, el nuevo Freelander se apoyará en plataformas modulares desarrolladas por Chery, capaces de acoger tanto versiones totalmente eléctricas como distintas soluciones híbridas. La base será una arquitectura de 800 voltios, un dato relevante porque permite cargas ultrarrápidas y mejora la eficiencia respecto a sistemas de menor voltaje.
Esta estructura admite varias configuraciones: modelos 100% eléctricos, híbridos enchufables y variantes de rango extendido, en las que un motor de combustión actúa como generador para recargar la batería, en lugar de mover directamente las ruedas. Para mercados con infraestructuras de recarga todavía desiguales, como buena parte de Europa, este planteamiento de autonomía extendida puede resultar especialmente interesante.
La marca no ha publicado aún cifras oficiales de baterías, autonomías o potencias, pero sí ha desvelado parte de la tecnología asociada. Las baterías se desarrollan junto a CATL y recurren a soluciones específicas para uso intensivo fuera del asfalto, incluyendo investigaciones sobre baterías semisólidas, como la denominada «Freevoy Range-Extended Hybrid Battery». Entre sus características figuran capacidades de carga rápida 6C, con picos teóricos de hasta 360 kW, y una protección estructural reforzada en la parte inferior, con recubrimientos de polímero pensados para soportar impactos en condiciones off-road.
En cuanto a los sistemas híbridos enchufables, todo apunta a la utilización de motores turboalimentados de pequeña cilindrada combinados con uno o varios motores eléctricos, una receta que Chery ya emplea en otros modelos de corte más premium dentro de su grupo. Esta base, adaptada a la plataforma específica de Freelander, permitirá ofrecer versiones con tracción delantera o total en función de la potencia y el uso previsto.
La estrategia comercial será competir de tú a tú con los grandes SUV electrificados que empiezan a ganar peso en Europa, tanto los de origen chino como los desarrollados por marcas tradicionales. Para ello, el nuevo Freelander tendrá que ir más allá de una ficha técnica correcta y ofrecer una gestión de energía bien afinada, transiciones suaves entre modos de conducción y un comportamiento convincente tanto en ciudad como en carretera y pistas.
El papel de Chery, Omoda y JAECOO en el proyecto
Para entender por qué Freelander vuelve de la mano de Chery hay que mirar el mapa industrial. El grupo chino se ha convertido en uno de los grandes exportadores de su país y ha creado un ecosistema de marcas —Chery, Omoda, JAECOO, Exlantix, entre otras— apoyadas en plataformas modulares muy versátiles. Esta estructura permite lanzar SUVs de distintos tamaños con mecánicas electrificadas y precios competitivos en un corto espacio de tiempo.
En España y otros mercados europeos, Omoda y JAECOO empiezan a hacerse un hueco con modelos híbridos y de combustión bien equipados, garantía amplia y una relación tamaño/precio difícil de igualar por fabricantes generalistas tradicionales. Esta experiencia previa es clave: demuestra que Chery sabe cómo posicionar productos atractivos, y sirve de base para la futura posible llegada de Freelander a la región.
La colaboración entre JLR y Chery no es nueva. Durante años, la joint venture ha producido versiones específicas de modelos Land Rover para el mercado chino. Ahora, esa relación da un salto con la cesión del nombre Freelander para una familia de SUVs electrificados concebidos, sobre todo, para el contexto chino de los llamados “New Energy Vehicles”, pero con vocación de exportación.
En China, la marca contará con su propia red de concesionarios y espacios de experiencia, con decenas de puntos previstos en las principales ciudades. Paralelamente, se está construyendo una estructura corporativa específica, con equipos dedicados al desarrollo de producto, marketing y servicios, tanto en instalaciones de Chery como en estudios de diseño en Reino Unido.
Este enfoque autónomo permitirá que Freelander tome decisiones relativamente ágiles en función de la evolución del mercado, sin estar completamente supeditada a los ciclos de producto europeos de Jaguar Land Rover. A cambio, la firma británica asegura que se mantendrá cierto control sobre el diseño y el posicionamiento, para proteger la coherencia con su legado 4×4 y evitar solapamientos incómodos con Range Rover o Defender.
Llegada a Europa, precios y sustitución de modelos en China
Por ahora, la hoja de ruta oficial habla de un lanzamiento inicial en China, con presentación del primer modelo en un salón de referencia del país —distintas fuentes apuntan a citas como el Salón de Beijing o el de Shanghái—. Desde allí, la marca explorará su expansión a otros mercados, condicionada por factores clave como los aranceles, las normativas de emisiones y la infraestructura de recarga.
En el caso de Europa, el interés por grandes SUVs electrificados de corte familiar va en aumento, especialmente entre quienes necesitan mucho espacio pero no quieren renunciar a un uso mayoritariamente eléctrico en el día a día. Si la marca consigue ajustar precios y homologar sus sistemas de asistencia según la normativa europea, no sería extraño ver el nuevo Freelander circulando por carreteras del Viejo Continente en los próximos años.
Las cifras de precio aún no son oficiales, pero distintas estimaciones señalan que el nuevo SUV podría situarse entre 40.000 y 60.000 euros en función de la versión y el nivel de equipamiento. Este rango lo colocaría en el corazón del segmento de SUV eléctricos e híbridos enchufables de tamaño medio-grande, compitiendo tanto con marcas europeas como con nuevas firmas chinas que están desembarcando en la región.
En el mercado chino, el plan pasa por que los nuevos Freelander electrificados sustituyan progresivamente a modelos actuales como el Land Rover Discovery Sport y el Range Rover Evoque producidos localmente. Esta transición permitirá a la joint venture centrar sus recursos en plataformas de nueva generación y dejar atrás motores de combustión tradicionales, alineándose con las políticas de electrificación del país.
Para Europa, esta estrategia implica que, a medio plazo, el acceso al “mundo Land Rover” en clave electrificada podría venir tanto por la vía de los Range Rover y Defender con mecánicas eléctricas propias, como por una eventual llegada de Freelander como opción más “accesible” basada en tecnología china pero con diseño supervisado desde Reino Unido.
Un nombre con historia que cambia de papel
El peso del nombre Freelander no es casual. El modelo original, presentado en 1997, fue uno de los pioneros del segmento de los SUV compactos premium en Europa. Con poco más de 4,3 metros de longitud, motor delantero transversal y tracción total permanente con acoplamiento viscoso, acercó la filosofía 4×4 de la marca a un público más urbano sin renunciar del todo a sus capacidades fuera del asfalto.
Aquella primera generación, conocida internamente como L314, introdujo soluciones técnicas innovadoras para la época, como el Intermediate Reduction Drive (IRD) en el eje delantero, el acoplamiento viscoso VCU o sistemas de control de descenso pioneros que luego inspirarían funciones similares en otros fabricantes. Se ofreció en múltiples carrocerías —tres y cinco puertas, versiones con techo blando y variantes comerciales— y llegó a matricular más de medio millón de unidades en Europa, con varias mecánicas de gasolina y diésel.
Tras una segunda generación lanzada en 2006, la producción del Freelander cesó en 2015 para dejar paso al Discovery Sport. Desde entonces, el nombre había quedado en reposo, hasta que Chery y Jaguar Land Rover lo han rescatado para esta nueva familia de SUVs electrificados. El vínculo emocional con los conductores europeos que conocieron el modelo original es evidente y puede jugar un papel importante en su recepción fuera de China.
Ahora, la función de Freelander cambia por completo: de ser un SUV compacto dentro de la gama Land Rover pasa a convertirse en la denominación de una marca propia, enfocada en la electrificación, la conectividad y las nuevas formas de movilidad. El reto será mantener parte de esa esencia aventurera que hizo popular al modelo de los noventa, a la vez que se adapta a un entorno dominado por el software, las baterías y las actualizaciones remotas.
Con la alianza entre Chery y Jaguar Land Rover, el regreso de Freelander se presenta como uno de los movimientos más llamativos en el segmento SUV electrificado: combina un nombre con historia, tecnología china de última generación, diseño supervisado desde Reino Unido y la promesa de llegar más adelante a Europa con una propuesta que mezcla espacio, imagen 4×4 y mecánicas de nueva energía. Falta por ver cómo encajará en un mercado cada vez más saturado, pero argumentos no le faltan para convertirse en un nuevo protagonista en las listas de opciones de quienes buscan un gran SUV eléctrico o híbrido con cierto aire británico, aunque su corazón industrial sea claramente chino.




