- Motor V8 atmosférico de 6,2 litros desarrollado con Ilmor que entrega hasta 850 CV y supera las 9.000 rpm.
- Enfoque purista con cambio manual de seis velocidades, tracción trasera y un habitáculo totalmente libre de pantallas.
- Diseño inspirado en el avión SR-71 con carrocería de fibra de carbono y un peso contenido bajo los 1.360 kg.
- Producción ultra limitada a 71 unidades con un precio base de 2,5 millones de dólares.
Hennessey ha dejado de ser el típico preparador de motores para jugar en la liga de los grandes fabricantes de supercoches artesanales. Tras el impacto del Venom GT y la brutalidad del F5, la firma tejana ha decidido cambiar el chip y presentar el Blackbird, una máquina que no busca romper récords de velocidad absurdos, sino rescatar esa conexión visceral entre el piloto y la carretera que se está perdiendo hoy en día.
Este vehículo es prácticamente una carta de amor a la vieja escuela, alejándose de la hibridación y los motores turbo que inundan el mercado actual. El nombre no es casualidad, ya que rinde tributo al legendario avión espía Lockheed SR-71 Blackbird, trasladando esa mística aeroespacial al asfalto en un formato que prioriza las sensaciones puras sobre las cifras frías de un catálogo.
Corazón V8 y mecánica sin filtros

Bajo el capó encontramos una joya de la ingeniería: un motor V8 atmosférico de 6,2 litros desarrollado mano a mano con Ilmor Engineering. Este propulsor es una auténtica bestia que prescinde de cualquier ayuda electrónica o sobrealimentación, proyectando una potencia que oscila entre los 800 y los 850 CV. Lo más llamativo es su capacidad de giro, ya que el limitador de revoluciones se sitúa por encima de las 9.000 rpm, lo que promete una banda sonora estremecedora.
Para gestionar toda esa potencia, Hennessey ha apostado por una caja de cambios manual de seis velocidades con una rejilla metálica a la vista, permitiendo que el conductor tenga el control absoluto de la máquina. Toda la fuerza se envía exclusivamente al eje trasero, logrando que el coche pase de 0 a 96 km/h en solo 2,5 segundos y alcance una velocidad punta de 354 km/h, una cifra más que respetable aunque no busque destronar al mítico McLaren F1.
Ligereza extrema y aerodinámica inspirada en el aire

Para que el rendimiento sea óptimo, el peso es el enemigo número uno. Por eso, el Blackbird utiliza un monocasco de carbono totalmente nuevo y paneles de carrocería íntegramente fabricados en este material, logrando un peso en vacío que se mantiene por debajo de los 1.360 kg. Es decir, es un coche más ligero que un Toyota Corolla convencional, lo que dispara su agilidad.
En cuanto a su estética, el coche es una escultura andante con fuertes influencias aeronáuticas. Destacan los estabilizadores verticales activos en la parte trasera, que se despliegan automáticamente al alcanzar los 114 km/h con un ángulo de 71 grados. Además, el sistema de escape cuádruple en forma de diamante es un guiño directo al Bell X-1, el primer avión que rompió la barrera del sonido.
Un habitáculo donde el tiempo se detuvo

Si entras en el Blackbird, lo primero que notarás es que no hay ni una sola pantalla. En un mundo obsesionado con las tablets integradas en el salpicadero, Hennessey ha optado por cinco instrumentos analógicos, con un cuentarrevoluciones central que llega hasta las 10.000 rpm. No hay botones en el volante ni interfaces táctiles; todo se gestiona mediante mandos físicos y una llave de contacto tradicional.
A pesar de su espíritu radical, no se han olvidado de que el coche debe ser usable. El interior es más espacioso que el del Venom F5 y cuenta con suspensión adaptativa para absorber mejor los baches. Incluso incluye detalles sorprendentes como cuatro portavasos y un maletero delantero donde caben dos maletas de mano, convirtiéndolo en un hiperdeportivo capaz de afrontar viajes largos con comodidad.
Exclusividad y disponibilidad

Este modelo no es para cualquiera, ni en precio ni en espíritu. Solo se fabricarán 71 unidades en todo el mundo, y el precio de salida se fija en los 2,5 millones de dólares antes de impuestos. La producción está programada para comenzar entre 2029 y 2030, coincidiendo con el final del ciclo de vida del Venom F5.
- Tracción: Trasera pura.
- Neumáticos: Michelin Pilot Sport Cup 2 R sobre llantas de 20 pulgadas.
- Puertas: Apertura tipo ala de gaviota.
- Homologación: Global, incluyendo airbags para mercados internacionales.
Este superdeportivo representa un giro estratégico para la firma texana, moviéndose desde la búsqueda de la velocidad punta hacia la creación de un objeto de deseo atemporal. Al combinar la fibra de carbono, un motor V8 atmosférico gritón y una ergonomía pensada para el disfrute analógico, el Blackbird se posiciona como una pieza de colección que celebra la conducción mecánica en su estado más puro y emocionante.
