- Lanzamiento de un programa de micromovilidad con hasta 1.600 scooters eléctricos gestionados vía app.
- Más de 400 puntos fijos de estacionamiento y zonas de circulación delimitadas por GPS.
- Integración con las 19 rutas gratuitas del Circuito San Pedro para cubrir la última milla.
- Proyecto con enfoque en movilidad sostenible, orden en el espacio público y preparación para grandes eventos.
El municipio de San Pedro Garza García, en el área metropolitana de Monterrey, ha puesto en marcha un ambicioso programa de micromovilidad basado en scooters eléctricos, con el que pretende transformar los desplazamientos de corta distancia dentro de la ciudad. La iniciativa, operada por la empresa Whoosh, busca ofrecer una opción rápida y flexible para esos trayectos que muchas veces resultan incómodos si solo se depende del coche particular o del transporte público tradicional.
Con la incorporación de este sistema, el gobierno municipal se suma a la tendencia internacional de promover modos de transporte más sostenibles y versátiles, similares a los que ya funcionan en numerosas ciudades europeas. El objetivo es claro: reducir parte de la presión del tráfico en zonas muy concurridas, mejorar la conexión entre distintos medios de transporte y facilitar el día a día tanto a residentes como a visitantes que se mueven por San Pedro.
Un programa de micromovilidad a gran escala
El nuevo esquema de movilidad se apoya en una flota inicial de entre 1.100 y 1.600 scooters eléctricos, según las fases de despliegue contempladas por el ayuntamiento. Los patinetes se han distribuido en puntos estratégicos del municipio, de forma que la mayoría de usuarios pueda encontrar uno a poca distancia de casa, del trabajo o de los principales nodos de transporte.
La operación corre a cargo de la compañía Whoosh, responsable de gestionar todo el sistema de alquiler a través de una aplicación móvil. Desde la app se pueden localizar los scooters disponibles, desbloquearlos mediante un código QR y efectuar el pago del trayecto sin necesidad de utilizar efectivo. Este enfoque totalmente digital se alinea con modelos ya consolidados en numerosas capitales europeas donde la micromovilidad forma parte de la oferta habitual de transporte urbano.
El alcalde Mauricio Farah Giacomán ha insistido en que estos vehículos se conciben como un complemento y no como un sustituto del transporte existente. La intención es que los patinetes sirvan para recorrer ese último tramo de viaje, la llamada “última milla”, que muchas veces condiciona que una persona opte por usar el transporte público o prefiera seguir dependiendo del coche particular.
Para garantizar que el servicio no genere caos en las calles, el municipio ha apostado por un despliegue ordenado, con la definición de zonas de uso, restricciones de circulación y normas claras de estacionamiento. De este modo se intenta evitar algunos de los problemas observados en otras ciudades cuando se han implantado sistemas similares sin una regulación precisa.
Tarifas, uso mediante app y funcionamiento del servicio
El acceso a los scooters se realiza íntegramente a través de la aplicación oficial de Whoosh, disponible en las principales tiendas de apps para smartphones. El sistema, similar al que se utiliza en servicios de patinetes compartidos de ciudades europeas, está pensado para que cualquier persona adulta pueda hacer uso de los vehículos de manera autónoma y sin trámites presenciales.
El procedimiento básico de uso es sencillo: el usuario descarga la aplicación, se registra con su número de teléfono y un método de pago (tarjeta de crédito o débito), y a continuación accede al mapa para localizar el patinete más cercano. Una vez frente al scooter, basta con escanear el código QR situado en el manillar para desbloquearlo y comenzar el trayecto.
En cuanto a los precios, el ayuntamiento y la empresa operadora han fijado una tarifa de 10 pesos por desbloqueo del scooter y 3 pesos por minuto de uso. Este modelo de cobro por tiempo empleado busca que el servicio sea flexible y se adapte tanto a desplazamientos muy cortos como a recorridos algo más largos dentro del área permitida.
Al finalizar el viaje, el usuario debe dejar el vehículo en uno de los puntos autorizados de estacionamiento señalados en el mapa de la aplicación. Para cerrar correctamente el trayecto y detener el cobro por minutos, la app solicita al usuario que tome una fotografía del scooter ya aparcado en el lugar correspondiente, lo que ayuda a verificar que se ha seguido el procedimiento indicado.
Este funcionamiento, completamente automático y respaldado por herramientas digitales, permite una operación prácticamente de autoservicio, reduciendo la necesidad de personal en calle y facilitando que el sistema pueda escalar a un mayor número de unidades sin perder control sobre su uso.
Zonas de operación y más de 400 puntos de estacionamiento
Uno de los aspectos en los que el municipio ha puesto más cuidado es la gestión del espacio público. Para evitar que los patinetes acaben abandonados en aceras, pasos peatonales o accesos a edificios, se han habilitado alrededor de 400 emplazamientos específicos donde está permitido estacionarlos.
Estos puntos, marcados en la aplicación como áreas de aparcamiento o hubs, se encuentran repartidos sobre todo en zonas de alta actividad peatonal y vehicular, como el Casco de San Pedro, Valle Oriente, la colonia Del Valle, el Centrito Valle y otros enclaves comerciales y corporativos. La idea es que allí donde haya una mayor concentración de personas también exista una oferta suficiente de scooters.
Gracias a la tecnología GPS integrada en los vehículos y en la plataforma, el sistema puede controlar con bastante precisión dónde se toman y dónde se dejan los patinetes. Si el usuario intenta aparcar fuera de un punto autorizado, la aplicación no le permitirá finalizar el viaje, por lo que el contador de minutos seguirá activo hasta que reubique el scooter correctamente.
Además, el ayuntamiento ha establecido un perímetro de operación dentro del cual se permite circular. Las calles y avenidas habilitadas aparecen claramente indicadas en el mapa, mientras que determinadas zonas se han dejado fuera por motivos de seguridad, alta velocidad del tráfico o falta de infraestructuras adecuadas para la micromovilidad.
En el caso de que un usuario salga con el patinete de las áreas permitidas, el sistema está preparado para bloquear el scooter de manera automática. De este modo se intenta prevenir usos indebidos, desplazamientos a lugares no autorizados y situaciones de riesgo tanto para quien conduce como para el resto de personas que comparten la vía.
Normas de circulación y seguridad para los usuarios
El despliegue de los patinetes viene acompañado de un conjunto de reglas que buscan garantizar una convivencia razonable entre scooters, peatones, bicicletas y vehículos motorizados. La regulación se apoya tanto en disposiciones municipales como en las propias condiciones de uso de la plataforma digital.
En primer lugar, el servicio está pensado exclusivamente para personas mayores de 18 años. No se permite transportar pasajeros ni circular con dos usuarios en el mismo vehículo; la consigna es clara: un patinete, una persona. Esta restricción pretende reducir el riesgo de accidentes y asegurar un manejo más estable de los scooters.
En cuanto a la circulación, las indicaciones municipales establecen que los patinetes deben usar de forma preferente las ciclovías o carriles específicos para movilidad ligera. En aquellas calles donde no exista este tipo de infraestructura, se permite circular por el carril derecho de la calzada, evitando las banquetas para no interferir con el tránsito de peatones.
Los equipos cuentan con una limitación de velocidad máxima en torno a los 25 km/h, un tope que pretende equilibrar la agilidad del servicio con la seguridad en entornos urbanos densos. Además, los scooters incorporan luces delanteras y traseras, frenos y timbre, lo que facilita su visibilidad y permite avisar a otras personas al circular en zonas compartidas.
Al llegar a un paso peatonal o cruce señalizado, se indica que el usuario debe detener el patinete, bajarse y cruzar caminando. Esta medida, ya extendida en muchas ciudades europeas, busca reducir posibles conflictos con peatones y evitar maniobras arriesgadas en intersecciones concurridas.
Respecto al casco, el mensaje de las autoridades ha sido insistente. Aunque en ciertas regulaciones locales no se considera obligatorio por ley en todos los casos, tanto el ayuntamiento como la empresa operadora recomiendan su uso de forma constante, subrayando que el casco es un elemento básico de protección en caso de caídas o colisiones.
Integración con el transporte municipal y visión a medio plazo
El nuevo programa de scooters no parte de cero, sino que se suma a una red de transporte municipal que ya incluye 19 rutas gratuitas del Circuito San Pedro, con cerca de 90.000 usuarios cada mes. Estas líneas recorren el municipio de sur a norte y de oriente a poniente, conectando barrios residenciales con zonas comerciales, educativas y de servicios.
La intención del gobierno local es que los scooters se conviertan en una herramienta eficaz para completar los trayectos entre las paradas de autobús y el destino final. De este modo, una persona puede desplazarse en transporte público hasta una zona céntrica y, desde allí, cubrir el último kilómetro en patinete eléctrico sin necesidad de recurrir al coche.
Este enfoque encaja con las estrategias de movilidad que muchos municipios europeos están implantando para favorecer la intermodalidad, es decir, la combinación de distintos medios de transporte en un mismo viaje. Al ofrecer scooters en los entornos de estaciones y nodos de transporte, se intenta hacer más atractivo el transporte colectivo frente al uso individual del vehículo privado.
El servicio también se plantea como una herramienta útil para visitantes y turistas, sobre todo en periodos de alta afluencia. La conexión de los patinetes con áreas hoteleras, comerciales y de ocio puede facilitar que quien llega de fuera se mueva con agilidad sin necesidad de alquilar un coche o recurrir constantemente a taxis y vehículos de transporte con conductor.
Desde la administración municipal se ha remarcado que la movilidad es una prioridad de gobierno y que la implantación de la micromovilidad forma parte de una estrategia más amplia, en la que también se contempla la mejora de infraestructuras viales, la adaptación de espacios para peatones y la promoción de alternativas de transporte menos contaminantes.
Próxima incorporación de bicicletas y retos de la micromovilidad
Además de los patinetes eléctricos, el municipio ha anunciado que en una siguiente fase se incorporará un sistema de bicicletas compartidas operado igualmente por Whoosh y funcionando bajo la misma lógica de estaciones designadas y uso mediante aplicación móvil.
Estas bicicletas, que se prevé que puedan ser tanto convencionales como con asistencia eléctrica, utilizarán las mismas bases y zonas de aparcamiento ya desplegadas para los scooters, lo que permitirá sacar partido a la infraestructura existente y ofrecer al usuario más opciones de vehículo según el tipo de trayecto que necesite realizar.
Con la ampliación del programa, el municipio pretende no solo diversificar su oferta de micromovilidad, sino también reforzar el mensaje de que hay alternativas reales al coche para desplazamientos urbanos cotidianos. La combinación de patinetes y bicicletas puede resultar especialmente práctica en recorridos relativamente cortos pero frecuentes, como ir al trabajo, a clase o a hacer recados diarios.
No obstante, el despliegue de estos sistemas plantea ciertos retos. Entre ellos, asegurar que el uso se realice de manera responsable, que se respeten las normas de tráfico y que no se generen conflictos con peatones ni con otros vehículos. La experiencia de ciudades europeas muestra que el éxito de la micromovilidad depende tanto de una buena regulación como de campañas constantes de información y sensibilización.
Las autoridades locales y la empresa operadora deberán seguir de cerca el comportamiento del sistema, ajustar las zonas de cobertura, el número de unidades y la ubicación de los puntos de estacionamiento, y adaptar la normativa si se detectan problemas recurrentes. Este tipo de proyectos suelen evolucionar con el tiempo, incorporando mejoras técnicas y cambios de enfoque en función de cómo responde la ciudadanía.
Con la puesta en marcha de los scooters eléctricos, San Pedro Garza García se alinea con una tendencia ya extendida en numerosas ciudades europeas y latinoamericanas, donde la micromovilidad se ha consolidado como una pieza más del rompecabezas de la movilidad urbana sostenible. Habrá que ver cómo se asienta el servicio en el día a día, pero el planteamiento inicial combina regulación, tecnología y una clara apuesta por ofrecer más opciones para moverse sin depender tanto del coche particular.
